Un grupo de amigos se afanan por fundar una nueva cofradía cuya originalidad consiste en ubicarse a medio camino entre lo sagrado y lo profano: “Pontificia, Real e Ilustre Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Emprendimiento” con sede en La Cartuja, entre el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico y el Centro de Arte Contemporáneo, núcleo cultural y significativo si los hay.
Son todos ellos universitarios, preferentemente de las Humanidades; autónomos alternativos, no por su actividad sino por su particularidad de darse alternativamente de alta y de baja de la Seguridad Social; emprendedores, término que tiene la tendencia de alcanzar un estado mítico dentro de la gestión cultural y del patrimonio; jóvenes de edades que superan la óptima para independizarse de los padres y por debajo de la necesaria para tirar la toalla. Son gente digna, bien educados, bien formados, con un exceso de voluntarismo y cierta pasión que los delata a la hora de conseguir un empleo bien remunerado. Por supuesto están en el paro, sea con registro efectivo o no en el INEM.
Todos ellos llegaron a la conclusión que el Emprendimiento es una acción cuasi religiosa y de ahí que su estudio de marketing cultural, para resignificarse en el sector de las industrias culturales, los condujera a tomar la decisión de fundar una empresa que, sin esperanzas de obtener excesivos rendimientos económicos, tuviera una clara inserción en el sector patrimonial y cultural de esta ciudad: una Hermandad, y este caso de Penitencia. (Todos ellos cargan con la cruz que les entregaran junto con su título universitario y que son incapaces de abandonar en un rincón de la ciudad, porque toda ella les recuerda que están íntimamente ligados a las artes y costumbres populares que los rodea desde muy pequeños).
Entre sus fines y con período indefinido, esta Hermandad y Cofradía, en Adelante la Hermandad, se constituye como asociación pública de fieles a la Cultura, y como Sacramental y Cofradía de Nazarenos que tiene como fin primordial el culto público al Emprendimiento, especialmente dirigido hacia el Patrimonio y la difusión en general.
Pueden ser hermanos todos los licenciados, incluyendo catecúmenos, masterizados y sobre todo doctores que, presentados por un hermano y no estar impedidos por el derecho, se comprometan mediante juramento ante la ley del Patrimonio Histórico Andaluz y las reglas del Ilustre y muy Ambicioso Colegio de Emprendedores, Gestores y Difusores Culturales (CEGDC), al cumplimiento de las reglas; a la presentación al menos una vez al año a concurso público de actividades patrimoniales y culturales; a estar inscriptos en un Colegio Profesional; estar al tanto en el pago a la Hacienda Pública y carecer de antecedentes en las listas del pesebrismo de la Junta de Andalucía.
Esto, que puede sonar irreverente, es una de las muchas formas en que los profesionales dedicados al patrimonio cultural y natural podemos tomarnos en serio la actual situación por la que transitamos.
Hace sólo veinte años, cuando muchos de los que hoy intentan un acercamiento al mundo laboral en este sector estaban en el parvulario, la depresión post expo 92 nos sumió en el oscurantismo profesional y hubo que movilizar mucho para que la administración se sacudiera el sopor y tomara consciencia de la importancia que el sector cultural en general y el patrimonial en particular, iban a protagonizar en las dos décadas siguientes.
Sólo una pequeña minoría sabía qué era un centro de interpretación; la frase clave era “patrimonio como factor de desarrollo” sin especificar qué patrimonio y mucho menos qué desarrollo. No había interpretación del patrimonio, ni se hablaba de dinamizar. No había desembarcado aún la formación que incorporara conceptos de producto patrimonial ni muchísimo menos industrias culturales, término afianzado por los franceses que no tuvo toda la repercusión que luego alcanzaría. Y sin embargo no éramos unos paletos culturales, buscábamos bibliografía, en francés y en inglés, ya que los italianos, académicos ellos, no ingresarían tampoco a toda esta modernidad lingüística y Memorabilia, la Carta de Riesgo y la conservación preventiva, eran sus máximos protagonistas.
Alguien puede trazar un paralelo con la pregunta que todos nos podemos hacer hoy: ¿Cómo podíamos vivir sin internet, sin teléfonos móviles inteligentes, sin correo electrónico? Pues cómo podrían vivir sin interpretación, sin dinamización o interacción con el patrimonio… Pues así fue… y aunque políticos avispados supieron incorporar a su lenguaje términos de moda, llevamos muchos años intentando que, además, sepan qué es y como se aplica en la gestión sostenible de nuestro patrimonio.
España ha inmortalizado el vivir por encima de nuestras posibilidades, bueno eso dicen ciertos sectores. Porque el Patrimonio, bendita herencia material e inmaterial de nuestra cultura en el pasado, sigue viviendo muy por debajo de las posibilidades, aunque sea rodeado de una terminología que sería la envidia de los semióticos y hermeneutas de los 70.
Cuando afirmo que está por debajo de las posibilidades no me refiero a su restauración o revaloración, y sí a lo que debería haber sido la puesta en valor o simplemente, para ser coherentes con ese pasado carente de terminologías ad hoc, una digna expresión de su materialidad y de su mensaje como testimonio del pasado. Hemos invertido mucho como sociedad en rescatar edificios de la inopia, conjuntos de la barbarie y del olvido y objetos artísticos de todo tipo de la telaraña de museos sin climas ni luces apropiadas. Hay mucho realizado en este terreno. También se ha logrado un potente cambio en la percepción social del patrimonio. Hoy no resulta curioso un romano en Itálica y nadie diría que es un cofrade de la Macarena despistado; nadie se asombra por una visita teatralizada en cualquier sitio histórico o natural; ninguna madre cree que no haya una visita para niños organizada y atrayente para sus hijos en un fin de semana. Hasta mi tía sabe que existen centros de interpretación, aunque ella se empeñe en llamarlos museos. Todos somos capaces de reclamar un guía con formación y apropiada comunicación de lo que estamos visitando. Sabemos usar un smartphone con códigos QR y utilizar un monitor interactivo en un equipamiento cultural.
Estamos a la altura de nuestras posibilidades. Sin embargo nunca el personal formado para la gestión patrimonial, y muy bien formado, viajado y alimentado, estuvo tan mal. Sí ya sé, es la crisis. Pero a mi edad creo que no es por la crisis sino a favor de la crisis, o mejor dicho de la privatización de la vida pública en aras de mejorar y ampliar al máximo los límites de un mercado potencialmente rentable.
¿Cómo puede ser que a mayor formación, con menor edad promedio, superior nivel de información, uso de idiomas y masters y posgrados a diestra y siniestra, nuestros profesionales de la gestión patrimonial y cultural tenga tan pocas posibilidades? ¿Qué sucede aquí para que, una vez alcanzado el dichoso nivel profesional que señalábamos como la principal carencia para ser un país europeo con patrimonio social y económicamente rentable, eso no sea posible?
Hay tres factores que fallaron: los políticos que decidieron entender lo que les convenía sobre intervenir en el sector cultural y patrimonial; la relajación de las exigencias de calidad para con el patrimonio por parte de los profesionales que tuvimos la suerte de producir equipamientos y acciones; la embriaguez generalizada que el disfrute sensorial produjo sobre otro tipo de disfrute más racional e inteligente.
Por supuesto que esta generalización no es una forma de diluir responsabilidades, sabemos que políticos y profesionales no podemos sentirnos igual de inocentes o culpables que nuestra sociedad como visitantes y usuarios de nuestro trabajo.
Es justamente sobre el reconocimiento de nuestro papel en la gestión del patrimonio lo que me lleva a reflexionar sobre el actual estado de nuestra profesión.
Vivir en tiempos revueltos implica mucho más que una buena formación y el dominio de idiomas, si no se quiere ir uno de su tierra. La dureza de las situaciones que inducen a depresiones, mirar para otro lado, abandonar la senda para transitar a pie por la peligrosa autovía de la globalización nos necesita armados de herramientas de carácter ideológico, que no político, respecto de lo que se debe hacer, de lo que podemos hacer y de lo que nos dejan hacer. He aquí la trilogía de la cuestión.
Decía que la percepción social del patrimonio y las vías de acceso que tiene hoy la sociedad en su conjunto ha mejorado mucho. No tengo dudas, sólo matices. Pero debo llamar la atención sobre la calidad de las experiencias que generan esa percepción, de los objetivos extra patrimoniales que se esconden detrás de ejemplificadoras actividades y, finalmente, de los nunca evaluados niveles de satisfacción de esa percepción por parte de los gestores (y agregaría del propio patrimonio si pudiera hablar).
Hace tiempo escribí esto: “en asociación a estas ideas tienen lugar otras vicisitudes de carácter programático como la consideración de la comercialización del patrimonio, el marketing cultural, etc. Comienza a suceder que también nuestros países encargan su patrimonio a gestores empresariales que introducen los conceptos de la mercadotecnia al patrimonio. Aunque para muchos políticos y administradores de la cultura esto puede parecerles acientífico, y a veces hasta vulgar, sin embargo recomiendan a sus gestores culturales que aprendan de ellos, alegando que se corre el riesgo de “perder audiencia”. La gestión del patrimonio cuenta de este modo con el respaldo de profesionales de comercialización, financiación y estudios sobre preferencia de los visitantes, lo cual de por sí, no nos resulta totalmente inadecuado, en tanto y en cuanto no abandonemos nuestro patrimonio en manos de una concepción generalista, abonada de todas las técnicas del mercado que sean necesarias sino, por el contrario, aboquémonos a una plena concepción humanista de nuestro patrimonio, aún a riesgo de no parecer progresistas o “vernos de lleno lanzados a la bancarrota”.
“El proyecto de la aplicación de la gestión empresarial al patrimonio, con todas sus vertientes positivas, comienza a desembarcar acríticamente en estas latitudes. La necesidad de la puesta al día del debate patrimonial desde todas sus perspectivas: investigación, documentación, intervención y difusión no puede dejar de lado esta problemática. Cuando el mercado se coloca por encima de las necesidades, la cultura, entendida como parte de ese mercado, hace inútiles todas aquellas empresas que no sean eficaces; así sucede que la investigación histórica pierde valor frente a una historia como supermercado de imágenes; las restauraciones cobran interés en la medida del marketing cultural y los centímetros de prensa que generan; la documentación sólo importa cuando se digitaliza y puede convertirse en productos interactivos de distribución masiva, y las disciplinas como la museología y las técnicas expositivas ingresan definitivamente en el campo de la comunicación”.
“Lo que da en llamarse el pensamiento único o el proceso de globalización sitúa en primer plano un predominio absoluto de la mercantilización de todo aquello que puede ser mercancía como un modo imperativo y que muchas veces queda encubierto por el concepto de eficacia (donde quizá fuera más apropiado la eficiencia o lo apropiado). Pero sobre todo ha surgido como consecuencia de esa transición paulatina de un modelo de gestión del patrimonio guiado por el imperativo conservacionista, a otro orientado por criterios de rentabilización, proceso que, en definitiva, creemos que se debe situar en la estela de uno más amplio (en el que estamos inmersos y por ello aún no se vislumbran con claridad sus límites y rasgos) de transición de un modelo de Estado moderno centrado en la administración de personas a un Estado postindustrial centrado en la administración de recursos y servicios” ("@" MARTÍN, 1998).
Cuando sostengo que hoy es tan importante estar armado de ideas y principios como de conocimientos y experiencia no creo estar muy errado (que no herrado). Pongamos por caso nuevas ideas en el campo de los guías de patrimonio.
Los greeters o anfitriones son voluntarios que dan la bienvenida a los turistas en su ciudad o región, y muestran de forma gratuita una visión de la ciudad como lo harían con los amigos o la familia. Es una forma de turismo social; los residentes participan en las actividades de los turistas, y los turistas tienen la oportunidad de obtener una experiencia más cercana de la vida cotidiana del lugar visitado. "Los greeters no hacemos tours! Compartimos experiencias personales."
Si pudiéramos establecer una amplia polémica seguramente, como todo en la vida, habría al menos tres posiciones básicas, la primera, que considero la más corriente en vista de la tradición elitista de casi todo lo referente al patrimonio histórico artístico (reforzado con la vieja nomenclatura), que nos situaría en el campo del intrusismo, de la falta de conocimientos y de la “calidad” de la visita. Un segundo grupo que considera que “todo es patrimonio” que hay que acabar con los relatos estáticos y dirigistas de nuestra memoria y que los ciudadanos tienen el derecho inalienable, por ser los depositarios del legado cultural, de participar en la gestión y difusión de su patrimonio. En medio un grupo entre progresista y despreocupado que ve tantas contras como aciertos al tema y que, en aras de una mejor convivencia y comprensión de ciertos colectivos, mira hacia otro lado o practica el laissez faire.
Paralelamente este ejemplo sirve para ver qué tipo de amoblamiento interno tenemos a la hora de pensar y atraer nuevas perspectivas de acción/reacción entre el Patrimonio y la sociedad que lo sustenta.
¿Se trata de una competencia desleal o de una injerencia de la administración en la gestión local del turismo de cercanías? He aquí dos polos de discusión, aunque probablemente ninguna de estas tenga que ver con toda la realidad. La causa de que las administraciones locales estén aplicando estrategias que surgen en las grandes ciudades europeas y americanas de forma espontánea y sin articulación institucional en torno a buscarse la vida, ya sea ofreciendo alojamiento, comida, conocimiento o espalda de carga para llevar y traer (sherpas urbanos), está relacionado con la nula capacidad que el sistema económico les deja para generar empleo efectivo y de calidad para ofrecer como servicio. Se quiere reconvertir la falta de empoderamiento ciudadano, la incapacidad para controlar los flujos de trabajadores sin trabajo y las nuevas demandas de ciudadanos en tránsito o de visita con “creatividad” y “apertura a soluciones alternativas” que en el fondo no tienen sustento ideológico ni respaldo social, sino oportunismo.
A nuevos problemas nuevas soluciones, eso requiere de valentía en el análisis de la situación y no soslayar la vinculación con todos los intentos de asalto al poder ciudadano, simplificando el tema como señalar culpables a otras víctimas del sistema. “Esto del voluntariado..., sin ir más lejos los abueletes voluntarios que se aprenden un discurso y ya ejercen de guías... Yo no digo que no sean útiles tras la jubilación, pero sí es cierto que es un puesto que podría ocupar un guía profesional”.
Tampoco se cuestiona, habitualmente, lo que cada día se hace más necesario: el estado de la cuestión. ¿Creemos de verdad que el suelo que pisamos es el mismo que hace, digamos, cinco años, antes de Lehman Brothers, o las subprime? ¿Pensamos a la misma velocidad que los acontecimientos, o seguimos deliciosamente estructurados en las preocupaciones del intrusismo laboral, las competencias profesionales, los códigos deontológicos, los planes de calidad, las certificaciones quién es o no es en la gestión del patrimonio?, cuando la inestabilidad laboral de un número más que importante de profesionales abocado a la gestión del patrimonio nos desempeñamos como greeters administrativos o sherpas becarios… ¿valemos por lo que sabemos o seguimos aferrados al título?
En Silicon Valey no existe el intrusismo sino gente con capacidad creativa y confianza en sus ideas. Una tablet bien explotada es casi más importante que un máster de mala calidad aunque sea “oficial”. Y agrego yo, y un diseño de interiores mental que permita saber quiénes somos, qué podemos hacer y quiénes están del otro lado del mostrador.
Transcribo un párrafo de un mail de una amiga, en torno a esta cuestión: “como educadora ambiental me revelo ante los equipamientos de educación ambiental que no contratan a educadores profesionales. Sin embargo, la experiencia me ha hecho repensar si esta idea es una verdad absoluta. En una aldea del interior de Galicia, asolada por el éxodo rural, hay un equipamiento en el que, como voluntarios, "prestan sus servicios" las abuelas y abuelos de la aldea. Así dicho es aberrante, pero cuando uno se involucra en la experiencia y descubre que no existen jóvenes, y mucho menos, jóvenes formados en ese entorno; que sólo viven personas muy mayores, que van enfermando por soledad y abandono, y que los promotores tenían como objetivo claro la puesta en valor de la cultura y los valores de esa comarca, recuperando el "alma" del lugar a través de sus pobladores... A lo que se suma que una de las fórmulas que encontraron fue ofrecer a las personas mayores una actividad y un compromiso; que incluía dar a conocer sus saberes y formas de hacer (lo que les obliga a seguir reinventando la tradición y a tener contacto con pequeños y jóvenes, es decir, con esa población que ya no existe en su aldea). Cuando un profesional como nosotros “comprende” el contexto social y material, “entiende” que los responsables optaran por renunciar a contratar a una persona "experta" en educación ambiental, muy probablemente desconocedora de ese mundo y contexto, y apostaron por recuperar y no dejar morir las tradiciones, giros lingüísticos, cantos, bailes... dándole protagonismo a los pobladores que, como voluntarios reciben una "pequeñísima" remuneración importantísima en sus frágiles economías de jubilados agrarios... y que han vuelto a ocupar las casas, las calles, los oficios... Cuando lo vi y lo viví como protagonista, pensé que siempre existe una idea nueva como excepción a la norma”.
Creo que más que crisis lo que nos afecta es el estilo “miseria”. Greeters, sherpas, micropagos… todo es micro empezando por los sueldos.
El emprendimiento, la biografía digital, el marketing personal, la explotación de una creatividad superficial, los networking, los team building, etc. etc., han llegado para quedarse y ocupar el lugar que antes ocupaba la discusión y el debate por el valor y potencial del patrimonio natural y cultural como motor de desarrollo local y fuente de identidad para los ciudadanos. ¿Sigue vigente esta obviedad? Ya sé que resulto exagerado, si no lo fuera no tendría oportunidad de que me leas. Pero reflexionemos sobre la gran cantidad de subtemas y preocupaciones que vinieron a competir con los problemas esenciales de la comunicación estratégica de nuestro patrimonio a la sociedad. Cuántos cursos de interpretación, museografía didáctica, educación ambiental se dejan de emitir para darle lugar a la dinámica de grupos, la mercadotecnia o como venderle un paseo guiado a esos guiris…
La pauperización general de la sociedad, que ya ha llegado con creces a la clase media que suele mirar, como yo, master chef, el intermedio y al Eisntein catalán que divulga lo científico en la 2, nos impele a utilizar mucho más tiempo en ver de dónde nos llega el recorte, de dónde vamos a sacar los recursos para llegar a fin de mes y de dónde conseguiré al menos un empleo que me permita pagar el alquiler.
¿Es éste el clima adecuado para la puesta en valor y comunicación e interpretación del patrimonio? Alguien me dirá que sí, que es una gran oportunidad, que el sector privado se dé a conocer como emprendedor y generador de nuevas ideas. Soy escéptico, vengo de otro lado, una sociedad acostumbrada al subsidio necesita muchos años para pasar al modelo privatizado y productivo sin caer en la superficialidad creativa, la importación acrítica de ideas o la producción de la “calidad posible para ser rentable”, en un mercado altamente competitivo.
Y no estoy hablando de un grupo interesante de jóvenes que han desarrollado dignamente una idea y la ejecutan con calidad. No, esa es una minoría, me refiero a ese 65% de universitarios que, encuestados, dicen aspirar a un cargo público como máxima aspiración profesional/económica.
Habrá que sacudirse el polvo que se acumula en los intersticios cerebrales, habrá que repensar un mundo donde el capital ha soslayado inclus, su capacidad de mostrarse humanizado, donde la política depende de los intereses personales que a su vez sirven a intereses aún peores. Repensarlo desde la búsqueda de mantener una buena relación entre el Patrimonio y la Sociedad, que le permita a esa sociedad entenderse, entender qué le pasa y aprehender un pasado para que no se repita; nuestro trabajo se dignifica y nos permite decir “we can” no como slogan sino como una frase potente. Complementemos la alfombra y el sahumerio de la meditación, el Prozac de la depresión, la capucha para la manifestación con el trabajo consciente de que seguimos siendo importantes, claves en un determinado sector de la sociedad y recordando que el Patrimonio, dentro de lo que cabe, no ha sido campo de especulación y corrupción tan destacado como otros territorios de nuestra realidad, en la medida que no logra llegar a ocupar ese lugar que nosotros soñamos.
A ver si empezamos a reivindicar que haya trabajo y veremos cómo se acaban los “intrusismos” los microsueldos, y dejamos la microvida para volver a ser personas completas.
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viernes, 20 de diciembre de 2013
Apuntes subjetivos para una época de crisis
Etiquetas:
crisis,
difusión,
ideología,
patrimonio,
política
Ubicación:
Sevilla, España
jueves, 9 de octubre de 2008
Patrimonio y Sociedad

El conocimiento mutuo como estrategia de una gestión coordinada entre el medio ambiente y la cultura
La distancia que media entre los avances científicos y las prestaciones sanitarias de la Seguridad Social es similar a la que separa la gestión medioambiental de la del patrimonio cultural. ¿Un poco exagerado? Puede ser. Asomémonos a esta ventana…
Sin ánimo de ponerme académicamente pedante, es sabido que la gestión del patrimonio cultural se sustenta equilibradamente sobre tres pilares: investigar, conservar y difundir. Otra tarea descomunal, de carácter horizontal, es la de documentar el patrimonio, y habitualmente se la incluye en investigación, pero si lo analizamos detenidamente veremos que cada día es más equidistante de las tres (hasta que me atreva y diga que se sustenta en cuatro pilares). Digo “equilibradamente” porque sólo investigación, remite a un mundo autista, elitista y vacuo; si le sumamos sólo la conservación, nuestra tarea carecerá de fin social. Difusión e investigación nos remite a una mera publicidad profesional, mientras que conservación y difusión nos habla de fines mediáticos carentes de contenido. Finalmente, conservación, a secas, refiere a un museo sin público, y difusión en solitario, a propaganda.
Hasta no hace tanto la gestión del patrimonio histórico estaba fuertemente escorada hacia la pura y dura conservación (en 1993 ya hablábamos de patrimonio como factor de desarrollo, en el 96 incluimos el turismo cultural, y un poco más tarde empezó a sonar la palabra interpretación, todas estas apreciaciones son parte de la subjetividad del autor). Todavía podemos ver restauraciones y puestas en valor de edificios de carácter histórico a los que se les busca una funcionalidad posterior, museos con vitrinas y cartelas anteriores al Concilio de Trento, yacimientos arqueológicos carentes de accesibilidad física e intelectual (no voy a hablar de inclusión (1). porque algunos gestores no sabrían de qué hablo), centros históricos sin señalización ni programas de sensibilización para la población local, recursos culturales cerrados o ignorados en los planes turístico-culturales de un territorio.
Por contrapartida, nuestros primos de “medio ambiente”, y conservadores de espacios naturales protegidos, mantenían aislados los ENP del resto del territorio, como si de paraísos naturales se tratara (el Congreso Mundial de Parques Naturales de 1992 así lo confirma), ignoraban a las poblaciones locales en tanto no se encuadraban a los planes de manejo de los recursos ambientales, carecían de programas concretos de integración de arquitecturas rurales dispersas, yacimientos arqueológicos, emergentes materiales prehistóricos, etc., limitando su universo patrimonial a conceptualizaciones etnográficas un poco anticuadas y que fueron aggiornando a medida que transitábamos el boom de la educación ambiental que culminaría mucho después con el desembarco de la Interpretación del Patrimonio y los hoy famosísimos centros de interpretación.
Hoy ya existe al menos una sensibilidad de entendimiento que no quiero valorar aquí, ni tampoco precisar en cuanto a quién es más sensible al concepto de patrimonio del otro.
Porque patrimonio es todo (o casi todo, se me ve el plumero posmoderno), natural y cultural, como una sola pieza donde es imposible diseccionar un pájaro de una herramienta de labranza y una catedral del paisaje que la enmarca. Y lo más importante: la población local que se apropia, modifica y vive en el territorio que sustenta ese patrimonio. Por tanto, la gestión del patrimonio ha de ser territorial, de la misma forma que la planificación territorial ha de tener en cuenta los recursos patrimoniales (naturales y culturales).
Territorio
¿Por qué esta insistencia en el territorio (2)? La respuesta es sencilla: sólo a partir de éste podemos identificar, seleccionar y conservar nuestro patrimonio. Si hemos aceptado que los bienes son testimonios de valores culturales, la comprensión de éstos nos remite, en una primera instancia, a un lugar donde se originan y, tal vez, aún se encuentran; a un espacio en el que se han dado unas determinadas condiciones sociales, no necesariamente particulares, claves para la “lectura cultural” de los objetos y acciones patrimoniales. En realidad no estoy utilizando el término de territorio en el sentido de soporte físico, a la vieja usanza, por desgracia muy al uso aun hoy. Intento huir de la búsqueda romántica de esa correspondencia entre uniformidad física y unidad de carácter (3). No creo que el espacio, sus características físicas, expliquen por sí solas la presencia de uno u otro patrimonio; el paisaje no produce un patrimonio, son los colectivos que viven en él sus productores. Y son ellos también quienes territorializan ese espacio y hacen del paisaje parte de su territorio, ofreciéndonos las claves para la identificación del patrimonio y, por supuesto, para su conservación, porque, como hemos comprobado en numerosas ocasiones, la intervención sobre el objeto que se realiza al margen de los procesos sociales de su entorno no garantiza su continuidad en el tiempo.
El paisaje “natural” no es sinónimo de territorio, menos aún si lo que se busca en el primero es la esencia del colectivo que lo habita (aunque se la disfraza con el término identidad), su inmutabilidad en el tiempo (4). Territorios y paisajes son dinámicos. La permanencia de las antiguas premisas, la exclusiva consideración del territorio como un soporte físico y no como un producto cultural, se materializa en muchas de las iniciativas y proyectos en los que, tras la delimitación en el mapa de un entorno con buenas cualidades estéticas, se termina por adornarlo con las tipologías más comunes del patrimonio. Si se trata de un medio rural, cosa frecuente para quienes identifican territorio con soporte físico o con paisaje natural, entonces aquellos relacionados con el patrimonio etnológico, sean antropólogos o no, están de suerte: se les llamará para que adornen ese bello paisaje con las tipologías más reconocidas de ese patrimonio “más modesto” (molinos, caseríos, cortijos...) . Y más aún: el proyecto se identificará como un estudio de los recursos naturales y culturales de una zona x. Pero ¿tiene sentido que se siga localizando a los bienes patrimoniales de forma aislada, vinculándolos por la sola inclusión dentro de un área delimitada? ¿es lógico primero localizar las tipologías de bienes que se consideren a priori importantes, para luego intentar relacionarlas desde los escritorios? Todos los pueblos tienen iglesias y posiblemente hayan tenido su molino, pero ¿son todas las iglesias y todos lo molinos recursos culturales de las distintas áreas culturales?
Uso público
Volvamos al año 92 y aquel Congreso ya citado, un original enfoque proponía a los ENP como “centros difusores de las nuevas estrategias de desarrollo sostenible, laboratorios naturales donde desarrollar nuevas políticas de ordenación y gestión del territorio, espacios abiertos a la sociedad”, enfoque que debería ser hoy una premisa compartida por los gestores del patrimonio (natural y cultural) para el territorio en general, con o sin protecciones especiales.
La dinámica introducida por las renovadas demandas de ocio por parte de la sociedad: turismo cultural y de naturaleza, tienen, en su mejor proyección, una respuesta adecuada en el universo del patrimonio natural, el que esperamos sea compartido por los gestores culturales territoriales: el concepto de uso público.
Se trata de la ordenación de actividades producidas por la demanda de naturaleza con fines recreativos, educativos y turísticos, a lo que podemos agregar ahora también respuestas a la demanda socioeconómica de las poblaciones locales.
Según EUROPARC-España, el uso público es el conjunto de equipamientos, actividades y servicios que, independientemente de quien los gestione, debe acometer la administración del espacio natural protegido, con la finalidad de acercar a los visitantes a sus valores naturales y culturales, de una forma ordenada y segura, que garantice la conservación y difusión de éstos a través de la información, la educación y la interpretación ambiental (5).
Sigamos con esta definición, el uso público cumple una serie de funciones básicas relacionadas con la visita de los ciudadanos a los espacios naturales protegidos: divulgación, información-orientación, recreación, interpretación del patrimonio, educación ambiental, comunicación, seguridad, turismo (oferta complementaria), señalización. Además puede llevar una serie de funciones asociadas a las anteriores: capacitación, publicaciones, promoción y comercialización, entre otras.
La pregunta que cabe hacerse es ¿por qué los gestores del patrimonio cultural disperso en el territorio, carente de protecciones especiales, no promueven este concepto, incluso cuando existe el conocimiento de la alta fragilidad de los recursos patrimoniales tangibles e intangibles?
Hay una gran carencia en el ámbito de la gestión cultural y patrimonial, la falta de planificación; el acometer proyectos de restauración, recuperación de emergentes materiales de otras épocas, realización de equipamientos culturales de difusión patrimonial (museos etnográficos, ecomuseos, parques culturales, rutas o itinerarios, centros de visitantes mal llamados de interpretación, etc.) sin conexión con el territorio ni estudios históricos que apunten a la contextualización de dichos equipamientos y los recursos tangibles e intangibles de un territorio.
La planificación es el primer paso antes de programar actuaciones.
Tanto los “naturales” como los “históricos” se ven superados por las demandas, y muchos diseñan sus programas de instalaciones de acogida, difusión e interpretación, gabinetes pedagógicos o aulas de naturaleza sin haber tenido la precaución de analizar los aspectos prioritarios del uso público: tipo y cantidad de visitantes; situación, tipología, diversidad y accesibilidad física e intelectual de los recursos naturales y culturales susceptibles de convertirse en productos culturales de consumo y, por ende, equipamientos de uso público; algo insospechado como la capacidad de acogida (en algunos monumentos como la Alambra se tuvo en cuenta este concepto hace muy pocos años), tanto de los espacios naturales como de los recursos patrimoniales; conocimiento del grado de desarrollo de la oferta turística que les afecta; sistemas de transporte privado y público no sólo en parques naturales, sino también en territorios culturalmente frágiles, con poblados históricos carentes de infraestructuras; etc.
La demanda turística se centra habitualmente en los lugares más emblemáticos del territorio, con los consiguientes impactos negativos e insatisfacción de los visitantes, caso que hace muy difícil un cambio de sentido debido a una falta primigenia de planificación.
La aplicación del concepto de uso público en territorios no protegidos significa organizar lo disperso, encauzar las actividades no reguladas, aprovechar las sinergias que producen los programas de desarrollo local, en síntesis, nuestros poblados históricos o comarcas con una fuerte identidad cultural no pueden carecer de uso público, no pueden mantener la falta de regulación de la estancia y actividades de los visitantes, aun cuando a veces existen equipamientos y servicios, pero irracionalmente localizados, como tampoco carecer de una serie estudiada y planificada de mensajes, tanto los estrictamente informativos como los de carácter interpretativo y educativo, que permitan mejorar el sentido de responsabilidad del ciudadano de forma que acreciente su sensibilización y actitud de respeto hacia el patrimonio.
Después de trabajar varios años en la administración de cultura de la Comunidad Autónoma de Andalucía, creo oportuno hacer un llamado a los gestores de patrimonio acerca de tres acciones básicas que podrían tender a comprender e implementar un sistema de uso público en territorios no protegidos: proponer delimitaciones territoriales sustentadas en homogeneidad territorial, cultural y productiva (comarcalización); realizar inventarios patrimoniales (tangible e intangible) relacionados con dichas delimitaciones; realizar planificación cultural e interpretativa de dichos territorios y, finalmente, fomentar la coordinación de administraciones de forma que la realización o adecuación de recursos patrimoniales, la construcción de nuevos equipamientos culturales complementarios, la difusión e interpretación, los programas educativos y la oferta turística se organicen de forma coherente y relacionada con el territorio, tanto en su pasado como para su futuro.
Debemos intentar, “naturales” e “históricos”, abandonar la sustitución de la programación por la planificación (un plan incluye un programa y este a su vez una tarea o acción, disculpen la pedantería). Podemos constatar que se trabaja en programas donde se reúnen un conjunto de actuaciones en las diferentes áreas de la gestión (conservación, documentación, difusión, interpretación, educación, mantenimiento, ejecución de equipamientos, etc.), pero sin disponer de un diagnóstico de partida o una estrategia general para la gestión (y no quiero introducir el concepto de falta de modelo de gestión, porque tengo poco espacio). Tareas y acciones carentes luego de compatibilidad, coherencia argumental y de objetivos, dispersión territorial, falta de eficacia, y no sigo porque no quiero abrumar más al sufrido lector.
Final
La efectiva gestión del patrimonio natural y cultural incluye su apropiación colectiva, por lo que requiere de condiciones que permitan a los diversos grupos sociales compartirlo y encontrarlo significativo.
El patrimonio cultural (y esto no es ajeno a los gestores ambientales) es, esencialmente, una obra colectiva, producida por el conjunto de la sociedad. Pero en las sociedades altamente diferenciadas la contribución a su construcción y el acceso de las clases sociales a ese patrimonio es diferencial. Grupos y clases se apropian de elementos culturales diferentes que son frecuentemente utilizados como instrumentos de identificación colectiva en oposición a otros segmentos.
Al mirar nuestro territorio como un todo, desde una perspectiva histórico-cultural, podemos determinar una serie de factores que hacen a nuestro discurso y a la comprensión de lo que significará operar en un medio complejo a la hora de proponer estrategias de apropiación de los bienes naturales y culturales como recursos para la gestión patrimonial:
· El abismo cultural entre la vida formal-institucional y la vida cotidiana de las mayorías que configuran nuestros pueblos.
· El predominio en el desarrollo del territorio y en la forma de asumirla, de los intereses, los discursos y las miradas privadas con relación a lo público, aún para analizar problemas públicos.
· Los estigmas, el rechazo o las exclusiones, que han sido la norma en las relaciones entre los sectores sociales y territoriales, entre ciertos grupos de ciudadanos y los funcionarios, entre algunos profesores y los estudiantes, entre una generación y otra.
Estos factores estructurales producen consecuencias:
· Los programas de desarrollo, de difusión patrimonial, de uso público y los procesos de participación no logran sumergirse con facilidad en la vida cotidiana de los habitantes y, por el contrario, enfrentan con cierta regularidad oposición, incomprensión o apatía ciudadanas. A veces, cuando logran algún éxito, éste es pasajero y no permanece en el inconsciente colectivo. Lo anterior también tiene que ver con el hecho de que la elaboración y ejecución de los programas y proyectos no involucran con frecuencia los códigos, símbolos e imaginarios de los habitantes (no contienen conceptos universales, que diría David Larsen, o no son relevantes, que diría Sam Ham), y por tanto no los convocan.
· A nivel general, no hay sentido de pertenencia, ni apropiación del territorio definido como un todo, lo cual limita notablemente los procesos de planeamiento y gestión, resultando muy difícil generar amplios procesos colectivos sustentados en discursos públicos.
· No hay disposición a la colaboración entre sectores sociales diferentes, lo cual limita las posibilidades de ir más allá de pequeños y parciales logros en términos sociales.
· En parcelas de la vida cotidiana, en las micro-ciudades territoriales, sociales y funcionales, hay espacios en los cuales se desarrollan movimientos - acciones ciudadanas que afirman lo que se niega en el ámbito global: sentidos de pertenencia y niveles de apropiación que se viven a través del parque, la iglesia, la tienda, los personajes, las actividades culturales, el equipo de fútbol, ciertos eventos, algunos discursos colectivos, etc. Y esa es una reserva cultural, quizás la más clara de todas (6).
Por tanto, es un hecho que, mientras persista el vacío de investigaciones sobre la forma de percepción de los habitantes de sus bienes culturales, seguiremos desconociendo los datos básicos para vincular eficazmente las acciones referidas al patrimonio con las necesidades de la población. Y esto vale para todos los gestores.
Notas
1. Entendemos por inclusión un marco de pensamiento y trabajo que, negando la existencia de un patrón de normalidad predefinido aplicable al ser humano, considera a la sociedad como una realidad rica y diversa, formada por la suma de múltiples diferencias individuales. Así, no existen “personas diferentes” -ya que todas y todos somos diferentes-, y los derechos de cada una deben garantizarse en la misma medida y con independencia de sus capacidades individuales.
En espacios patrimoniales, la inclusión implica situar en el mismo plano de importancia las necesidades de públicos con habilidades y limitaciones heterogéneas, diseñando una oferta sin barreras que, en palabras de Gorbeña et al. (op.cit.) permita, a cualquier visitante, “acceder, comunicarse (recibir y enviar información) y participar plenamente de todas las oportunidades de disfrute existentes”.
GORBEÑA, Susana; MADARIAGA, Aurora y RODRÍGUEZ, Mercedes. Protocolo de evaluación de las condiciones de inclusión en equipamientos de ocio.Universidad de Deusto, Instituto de Estudios del Ocio. Bilbao, 2002.
(Esta nota fue realizada por Luisa María Gómez, Siente, cultura accesible)
2. HERNÁNDEZ, Elodia, MARTÍN, Marcelo, “Patrimonio y Sociedad. El reto del desarrollo a partir del patrimonio cultural”, en Areté Documenta, Nº 16, septiembre de 2002. Asociación Española de Gestores de Patrimonio Cultural, Madrid.
3. Tengamos presente toda esa tradición de viajeros, eruditos y enciclopedistas de los siglos XVIII y XIX en cuyas obras se escapan en ocasiones una estrecha relación entre los aspectos físicos de los lugares y sus gentes.
4. Un ejemplo de la proyección naturalista del territorio se puede ver en R. Aurín Lopera y F. Cabreras Tosas: “Sobre la identidad del territorio” en OP ingeniería y territorio, Nº 54, 2001.
5. EUROPARC-España, Plan de Acción para los espacios naturales protegidos del estado español. Fundación González Bernáldez. 2002. www.europarc-es.org/intranet/EUROPARC/ publicado/publicaciones_Europarc-Espana/planaccion.pdf6. García Canclini, Néstor. “Los usos sociales del patrimonio”, en: Patrimonio Etnológico. Nuevas perspectivas de estudio, Colección Cuadernos, Vol X, Consejería de Cultura, Sevilla, 1999.
lunes, 22 de septiembre de 2008
Nuevas conexiones con el patrimonio

Bienvenidas las nuevas tecnologías, teniendo en cuenta que asimilamos el concepto de progreso a la complejidad de la comunicación, tanto en sofisticación de medios como en gasto de recursos. Pero por contrapartida los mensajes se sintetizan hasta hacer desaparecer letras, adjetivos, pronombres personales, ritmos, cadencias y sentido poético al calor de un inmediato SMS.
¿Por qué los nuevos museos, modernos, complejos, técnicamente impecables no asumen como contrapartida los caminos emprendidos por la nueva museología y la interpretación del patrimonio (IP)? en tanto corriente y disciplina que confluyen en la idea de un proceso creativo de comunicación estratégica, entendido como el ‘arte’ de conectar intelectual y emocionalmente al visitante con los significados y valores del patrimonio.
Resulta curioso observar cómo cada vez que tiene lugar un debate sobre cualquiera de los diferentes aspectos de la comunicación y la relación del patrimonio y la sociedad surgen dudas y discusiones respecto a su misma esencia de ser, sus destinatarios, sus medios, etc. Todo ello se debe, probablemente y por muy diferentes razones, a que se ha asumido el uso de los términos nueva museografía e interpretación, olvidando por completo no sólo su verdadero significado sino, sobre todo, su filosofía y sus principios. Es prácticamente seguro que esta situación se encuentra, además, reforzada por la escasez de textos en castellano, que permitirían un acercamiento más real a la interpretación y a cada una de sus especialidades.
Creo que lo más interesante por resaltar, dentro de esta estrategia de comunicar el patrimonio, es el concepto de conectar tangibles e intangibles. Como elementos y atributos tangibles nos referimos a las propiedades de índole física del rasgo o sitio patrimonial. Como elementos intangibles conceptos y propiedades de índole abstracta que surgen a partir de los atributos tangibles del recurso. P.ej. cálido, cautivador, suave, engañoso.
Conceptos universales son también conceptos abstractos pero de carácter superior o elevado en la valoración que posee el visitante. P.ej. amor, libertad, paz, ideales.
Conexión emocional con el visitante (oportunidad que ofrece el texto para producir emociones en el público).
Conexión intelectual con el visitante (oportunidad que ofrece el texto para que el público comprenda conceptos e ideas).
Podríamos así seguir recorriendo temas y temas como los estudios de público, el establecimiento de los temas, la técnica de comunicación oral y escrita, los medios interpretativos personales y no personales, la evaluación. Pero esto es un artículo y no un curso sobre Interpretación.
Sostenemos que la IP es una disciplina que posee una amplia gama de pautas y directrices metodológicas para la comunicación con el público, para la presentación del patrimonio in situ a ese público, y para transmitir un mensaje impactante que, en lo posible, trascienda al mero hecho de la visita. Pero también es un eficaz instrumento de gestión para reducir los impactos negativos e infundir unas actitudes y comportamientos positivos para con el patrimonio (incluido el entorno social)1. Sólo nos queda averiguar todo lo que le falta decir al autor en este pequeño artículo introductorio. Hasta la próxima.
1. MORALES MIRANDA, Jorge, Guía práctica para la interpretación del patrimonio, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura, Sevilla 1998.
¿Por qué los nuevos museos, modernos, complejos, técnicamente impecables no asumen como contrapartida los caminos emprendidos por la nueva museología y la interpretación del patrimonio (IP)? en tanto corriente y disciplina que confluyen en la idea de un proceso creativo de comunicación estratégica, entendido como el ‘arte’ de conectar intelectual y emocionalmente al visitante con los significados y valores del patrimonio.
Resulta curioso observar cómo cada vez que tiene lugar un debate sobre cualquiera de los diferentes aspectos de la comunicación y la relación del patrimonio y la sociedad surgen dudas y discusiones respecto a su misma esencia de ser, sus destinatarios, sus medios, etc. Todo ello se debe, probablemente y por muy diferentes razones, a que se ha asumido el uso de los términos nueva museografía e interpretación, olvidando por completo no sólo su verdadero significado sino, sobre todo, su filosofía y sus principios. Es prácticamente seguro que esta situación se encuentra, además, reforzada por la escasez de textos en castellano, que permitirían un acercamiento más real a la interpretación y a cada una de sus especialidades.
Creo que lo más interesante por resaltar, dentro de esta estrategia de comunicar el patrimonio, es el concepto de conectar tangibles e intangibles. Como elementos y atributos tangibles nos referimos a las propiedades de índole física del rasgo o sitio patrimonial. Como elementos intangibles conceptos y propiedades de índole abstracta que surgen a partir de los atributos tangibles del recurso. P.ej. cálido, cautivador, suave, engañoso.
Conceptos universales son también conceptos abstractos pero de carácter superior o elevado en la valoración que posee el visitante. P.ej. amor, libertad, paz, ideales.
Conexión emocional con el visitante (oportunidad que ofrece el texto para producir emociones en el público).
Conexión intelectual con el visitante (oportunidad que ofrece el texto para que el público comprenda conceptos e ideas).
Podríamos así seguir recorriendo temas y temas como los estudios de público, el establecimiento de los temas, la técnica de comunicación oral y escrita, los medios interpretativos personales y no personales, la evaluación. Pero esto es un artículo y no un curso sobre Interpretación.
Sostenemos que la IP es una disciplina que posee una amplia gama de pautas y directrices metodológicas para la comunicación con el público, para la presentación del patrimonio in situ a ese público, y para transmitir un mensaje impactante que, en lo posible, trascienda al mero hecho de la visita. Pero también es un eficaz instrumento de gestión para reducir los impactos negativos e infundir unas actitudes y comportamientos positivos para con el patrimonio (incluido el entorno social)1. Sólo nos queda averiguar todo lo que le falta decir al autor en este pequeño artículo introductorio. Hasta la próxima.
1. MORALES MIRANDA, Jorge, Guía práctica para la interpretación del patrimonio, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura, Sevilla 1998.
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patrimonio
domingo, 21 de septiembre de 2008
Dólmenes de Antequera
O cómo enterrar dinero público...
Los enterramientos prehistóricos más importantes de la península pueden ser los de Antequera. Los dólmenes de Viera y de Menga, y también el de Romerales, han sido nuevamente investigados, puestos en valor y abiertos para el disfrute de los visitantes. La pregunta es ¿qué se necesita para complementar, apoyar, y hacer más comprensible la visita? Un guía, una exposición que muestre lo que no vemos o no entendemos, servicios sanitarios, una tienda de recuerdos y una cafetería para reponernos de la visita.
El actual equipamiento en torno de los Dólmenes de Antequera supera con creces la relación patrimonio/equipamientos complementarios, al punto tal de que semejante dispendio ponga en crisis la propia efectividad de la presentación del patrimonio. Un edificio inacabado de más de veinte años (de dudoso diseño incluso en aquella época), una parafernalia constructiva que enmascara el medio en que dichos monumentos fueron utilizados, ausencia de servicios como una cafetería, solo son equilibradas gracias a la disponibilidad del personal amable y y con conocimientos que nos acoge y acompaña.

¿Hacía falta tanto hormigón para brindar un servicio y un acercamiento a nuestro patrimonio que sólo se logra con personal? ¿Hasta cuándo las Administraciones de Cultura van a seguir sosteniendo la trasposición de la fórmula efectiva de que un guía es mil veces más efectivo que una exposición y una cafetería es ciento más útil que una plaza seca destinada a un sencillo reloj solar. Léase y entiérrese.
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